Hoy habrá ambiente en la calle de La Estafeta. Festivo, toros y mozos, recuerdo mucho "cocido" en estas fiestas.
Casi ha pasado un mes desde la última vez... y decíamos ayer con la angustia de vivir entre lo esencial y lo superficial. Nada nuevo. Bueno si conozco a una persona, un buen luchador de la vida, otra vez con el cangrejo ese a cuestas que decía mi padre cuando le preguntaban por su salud. No quiere hablar. de ello lo cual es lógico. En este caso, quizá mucho más complicado que aquel de don Manuel, mi padre, o menos simple, recurría a la frase del cangrejo como un recurso. En eso de hoy pensábamos que se habían cargado al cangrejo o incluso que el cangrejo no existió nunca. Da igual se curará, saldrá adelante.
Yo confieso que rezo todos los días muchas veces, nada. de mea pilas, fe pura y dura, regalo, arriesgada. No lo digo como en las conversaciones de Whatsapp, tan de hoy, lo escribo porque lo siento, siento mi miseria, mi fragilidad. Viene del cole cuando los curas me decían pedid y se os dará, siempre me han tratado muy bien en esa ventanilla. Soy pedigüeño, allá lo saben, nunca me han fallado, no puedo engañarles.
En otro aspecto, más físico que otra cosa, he hecho otra mudanza. Llevo unas cuantas, me guardo el obsceno número de veces que me he mudado, el número de cajas de esta. Ha sido dura, lo sigue siendo ¿será la edad?. Antes me dedicaba a hablar con los currantes o a hacer sudokus o leer, no en está. He constatado que se acumulan demasiadas cosas absurdas. He intentado recurrir a don Antonio Machado, ya habían recogido los libros, incluso el modem del wifi pero tenía datos, milagros de hoy. No hemos desembalado ni colocado, hay roturas, pérdidas, otros objetos que nunca se rompen, el timón de cola de un T-2C, el aparejo de un velero, aquellas bandejas de Palermo donde compraban los Clinton, los dos, los cuencos de Túnez. He vuelto a Cantares donde don Antonio hablaba de mudanzas ¿será la última? Como el maestro me encontrarán a bordo, desnudo, ligero de equipaje, como los hijos de la mar.
Me he tenido que ir a un hotel tres noches, todo agotador, una sin cenar y dos a Jurucha, allá en lo que yo considero mi barrio, sin Mozo, el Aguilucho, el Águila, Roma, Samuel, Serrano 50, todos llenos entonces de mocitas madrileñas. Mañana si Dios quiere tampoco hablaremos del gobierno, o de fútbol o si.

