Un inglés muy inglés que hasta llegó a ser el Black Rod en Wesminster me decía que England, donde se exhibe mucha riqueza de otros tiempos, no se ve casi nada, o como los icebergs, que para ver mansiones, parques, cotos de caza, opulencia, hay que hacerlo en helicóptero. En la Wallace collection te haces la pregunta constante de cómo demonios podían tener tanto dinero, gastárselo en obras de arte, que al menos ahí quedan, y vivir todos los días a ese nivel tanta gente. El mundo nunca ha sido un lugar justo ni bien repartido.
En el magnífico teatro Coliseum he asistido a la puesta en escena del HMS Pinafore, por la brillante compañía de la Ópera Nacional. Los políticos no salen muy bien parados en la historia, ni el mando de la Royal Navy, aunque es cómodo el comandante del Pinafore o quizá por eso.
Cuando se estreno en 1878 fue un éxito fulminante, favorita del público. La dotación es estupenda sin que haya escenas de combate. El First Sea Lord no cumple muy bien sus obligaciones o a lo mejor por eso sigue, si las mujeres. Tiene algo de eterno y de moderno de hoy, quizá la crítica y la condición humana.
Recomiendo verla si es posible, oir la música y escuchar las letras, no tienen desperdicio, con algo de chirigota. En el fondo al ser un buque de vela, su alcázar y su popa, los marineros un tanto de ese siglo XIX, me recordaba a Cádiz, la tierra del arte y la gracia que no se puede aguantar, de María Santísima. A los ingleses siempre les gustó Cádiz, sus vinos y una de las cosas peores que tenían las guerras contra nosotros era no poder visitar la Tacita de Plata.


