miércoles, 18 de febrero de 2026

De batallas.


Hoy hay mucho epitafio, de cualquier tipo, a muchos no les conozco, sobre todo a los llamados influencers  pero salen en los medios. De vez en cuando te sorprende alguien por el cual sientes algo, que en realidad te hace sentir.

Se nos va alguien cada día, famoso o no, relevante o no. Todo el mundo opina de todo y el mundo parece un lugar de caos y desconcierto. Puede ser. Yo he tenido pocas cosas claras en mi vida, muy pocas. Alguna de esas está relacionada con la fortuna en momentos clave, la pura suerte.

Recuerdo, en 2008, un funeral donde el oficiante de la parroquia correspondiente no conocía  al difunto y hablaba de él sin llamarle ni por su conocido nombre. Me pasó en varias ocasiones. Llegué a casa y escribí mi último mensaje, tres folios, para facilitar el momento cuando llegase. Luego los he corregido con nuevas incorporaciones, actualizando. Pretendía solucionar unos minutos ya sin oir nada.

¿Cómo resumir una vida?

En esta fechas, se conmemoran 47 años de mi boda, mi compromiso con una señorita muy guapa y muy educada, inocente, valiente o inconsciente, que quizá sólo cometió el pequeño error de comprometerse con el menda.  Me creía muy mayor y sin solución. El sujeto en cuestión, que soy yo, no es malo ni bueno, tiene muchos defectos y en ocasiones, pocas, buena cabeza. Entonces veía claro que aquella niña tan mona, con tanta clase y estilo, entregada a la vida, un poco belmonteña, de una gran dignidad personal, merecía algo mejor. Ya sé que todo cambia y cabía la esperanza de mi mejoría. Ciertamente no supe decir que no al regalo de la vida. Cerré los ojos y recé, como hago en mis momento cruciales donde no se responder. Época de Transición. Sólo puedo dar gracias a mi suerte y me pregunto qué hacen los demás con lo que la vida se te pone por delante sin suerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario