viernes, 3 de abril de 2026

En el aire.

 

El sábado después de lo del Gólgota fue una jornada de incertidumbre por lo menos para los seguidores del reo crucificado, muchas preguntas y sobre todo ¿qué hacer? En la ciudad santa se celebraba el shabat hasta la puesta de sol, su día de descanso, con emociones para algunos, para miles de judíos, ajetreados por la Pascua, nada especial entre tanto gentío. Es como si no hubiese existido lo de ayer, sin embargo existió. 

El crucificado, ¿dónde estaba? Se le presumía en un sepulcro a estrenar prestado por un amigo, sellado, con guardia para evitar sorpresas como el robo del cadáver. Todo llevaba a pensar que ahí seguía, oliendo ya, lo normal en todos los cuerpos hasta la putrefacción final. 

Algunos se acordaban de Lázaro, habían sido testigos en Betania, muy cercano todo,  los acontecimientos, la distancia, el tiempo. Quizá lo de Lázaro precipitó lo que ocurrió ayer. ¿Qué hizo Lázaro en esos cuatro días? Yeshua, amigo de Lázaro, llamado por sus hermanas, fue a rescatarlo, ahora el reto era mucho mayor porque el del sepulcro era aquel hombre que sólo había hecho el bien, qué había dicho a Lázaro: "levántate y anda".

No entendía en el colegio que el tiempo ya no era un factor. El Credo que yo aprendí decía que descendió a los infiernos. Recuerdo preguntas al profesor. Nos cuesta asimilar lo mucho que significa la temporalidad para nosotros, algo inherente a nuestra condición humana. Si no existe el tiempo da igual un día o miles. A mi me preocupaba más el medio de transporte, o el lugar, ¿cómo se viaja, cómo son los infiernos? Realmente si algo ocurriese mañana no sabría como explicarlo. Sólo una respuesta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario