Menuda barba tiene Koldo. Es magnífica le puede salir un papel de extra o un cameo en una película, subvencionada naturalmente Nos vendría muy bien a todos pasar por el Supremo.
Yo he ido hoy al Cuartel General de la Armada, está en obras, una parte del noble edificio que era un horror en verano por el calor, donde tuve despacho y eficaz secretaria, por fin está en obras. Hacía mucho que no pasaba por allí. Esta todo patas arribas.
Tenía dos propósitos. Uno renovar la tarjeta de identificación de mi señora, como decían muchos "subetas" a bordo o lo oí por vez primera, otro propósito visitar a la cúpula del digno Museo. Mi señora ante las dificultades de acceso, controles clausurados, no tenía fe en mi orientación en busca de los lugares adecuados, escaleras, puertas, zonas. Ha preguntado a un suboficial de Sanlúcar, a otro de Marín, a una cabo de Alicante a un infante de Puebla. Ha sido una alegría hablar con suboficiales, amables, educados, hasta me atrevería a decir felices en medio del carajal de obras. Una teniente coronel de Intendencia que me imponía, gente educada, encantadora. Yo solía presumir, antes de ir al psiquiatra que me conocía aquel edifico como mi palma. En casa le llamaban el "castillo de irás y no volverás", nunca sabías cuando.
La primera vez destinado era un raro teniente de navío en el EMA el único, un bicho extraño entre jefes y diplomados¿Qué hacía allí? He recordado de niño cuando iba a ver a mi padrino, creía que los bedeles eran almirantes con tanto galón y unos bocadillos de chorizo magníficos que me acompañaban a aquel oscuro, entrañable, museo antes de la llegada rejuvenecedora e ilusionante del almirante Sisiño. La tienda donde vendían barcos franceses de plomo, donde me compraron el Graff Spee y los Royal Navy del Río de la Plata, combates de mi imaginación.
Finalmente he podido cumplimentar a la cúpula del museo trasladados a otro noble lugar. Allí he hablado demasiado, me he acordado de mi mismo, como nunca me sentí perdido dentro en aquel castillo, como si me hablasen los cuadros, los mármoles. Como nunca conseguí mis tres destinos favoritos en la Armada oficial de derrota en Elcano, jefe de operaciones en el Príncipe y Segundo Ajema con la casa a escasos metros del despacho para no perderme. Creo que la Armada fue sabia, no me los dió. No obstante uno nunca olvida sus sueños. Hablaré con mi psiquiatra.


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