"Dijo hola y adiós. Y el portazo sonó como un signo de interrogación".
Con un portazo cantaba el poeta, de pronto. Así acaban muchas cosas, porque la vida no es eterna, afortunadamente, o si lo fuese esta seríamos otros. ¿Sería menos duro, el portazo, si mantuviésemos nuestras facultades plenas?, tampoco se si alguna vez las tuve, pero me temo que el portazo es el portazo.
Entre esos leones y leonas de BBC o National Geographic ves cuando el jefe se tiene que apartar o le apartan porque su ciclo ha terminado. El león lo comprende, ya antes recibe indicios, se da cuenta inmediatamente de su decadencia que llega otro que es más poderoso. Aparentemente no ha ido a la universidad, ni sabe eso que intuye, no sabe nada de genética. Un león muere de las heridas de un combate, sucesorio para la manada o retirado en la sabana sin fuerza para cazar, no hay hospitales. Los animales, que dicen no son inteligentes, son muy coherentes.
Recuerdo que en una corrida en la plaza de San Sebastian de los Reyes, me hubiese gustado más en Las Ventas del Espíritu Santo en plena Isidrada, tuve un desvanecimiento en circunstancias no atribuibles a la lidia ya que yo no toreaba ese día. Me condujeron a la enfermería, tampoco aparatosamente. Me atendió el doctor de la plaza muy amable no hizo un diagnóstico fatal. Un hijo mío de unos tres años de aquella, preguntó si ahí era donde llevaban a curar a los toros. No es ni fue muy taurino.
Acabemos con otros versos del poeta: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás existió”. Nunca tuve alternativa torera. Un león nunca lo haría. ¿En las manada se acuerdan más del león o de las leonas?. Fin







