lunes, 10 de agosto de 2020

Los turistas.

Curioso es observar las reacciones del personal en los países que visito, no en España, al coronavirus, no sorprende que sean similares a las nuestras, la información o desinformación también es similar, las medidas muy parecidas, el respeto no difiere mucho, llego a la vieja conclusión que vivimos en un despiste, espera, común, con la necesidad de mejorar la situación económica sin mucha fe en los políticos ni en aquellos que disponen de medios, dinero, pasta, ya protegidos, que sufrirán las consecuencias mucho más llevaderas porque con pan las penas son menos. En medio del río Le Cher, un afluente de La Loire, frontera real de la Francia de Vichy, que nadie gusta de recordar, en piragua te topas con el castillo de Chenonceau, pasas debajo de sus arcos, haces picnic en la orilla, acampas si eres de camping, te preguntan por España, paella, gazpacho, tortilla de patata, turismo, el rey emérito, son educados no dicen lo que realmente piensan. En otros tiempos esto era una aventura, hoy se llama turismo. Es enorme el patrimonio de países como Francia, Italia, Inglaterra o España, su mantenimento, los turistas ayudaban con sus peajes, los japoneses o chinos podían ayudar mejor, hoy no hay japoneses, quizá se han quedado en el sol naciente, quietecitos, silenciosos, educados sin hablar, va a ser precisa otro reconversión un ministro como el del bañador de Palomares, palmeros que atraigan a las nuevas nórdicas del #Metoo.  Se precisa una mente brilllante que lo coordine, luego un Mariano Ozores que lo inmortalice.

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