viernes, 28 de agosto de 2020

Un hermano es un hermano.

Contemplar un cielo de estrellas no es privilegio de los mares del Sur, puede suceder en cualquier lugar del planeta donde el ser humano te lo permita, en la América Profunda. Sale parte de la América profunda, esa que votó a Trump en las anteriores elecciones, en "the straight story", estados como Iowa, Wisconsin, se cruza el Mississippi de Mark Twain, todo esos paisajes, gentes, son retratados por David Lynch, contados de forma un tanto inusual en él, con sus planos habituales. Basada en la historia de un hombre de 73 años, muy machacado por la vida, que se sube en su máquina cortacesped con remolque velocidad máxima 8 km/h para recorrer 500 kilómetros entre montañas; tarda mucho, no ve bien, no puede conducir, no quiere que le lleven en coche, usa dos bastones, se mueve con extrema dificultad, duerme en el remolque, sigue fumando, hace amigos, cuenta cosas de su vida, es educado, testarudo, muy listo y al final ve a su hermano con el cual llevaba más de diez años sin hablarse, la vieja historia de Caín y Abel que ya no tiene importancia. Sobre todo le gustaba mirar los cielos de estrellas. El hermano ha sufrido un infarto vive en una cabaña perdida, solo, se mueve con dificultad, al final sólo le hace una pregunta al ver el maltrecho John Deere, cortacesped de 1966, sin imaginarse cómo así fue capaz de llegar. La película es de Lynch, no es surrealista es simplemente bella, todos trabajan muy bien su protagonista Richard Farnswoth estaba ya enfermo de cáncer durante el rodaje y se pegó un tiro en su rancho al acabarla, empezó de especialista en trabajos muy conocidos y con cuarenta se pasó a la actuación con nominaciones a los Oscars, tuvo tiempo de hacer de todo. Su interpretación es magnífica como un pequeño testamento, el personaje principal superviviente de combates en WWII no creo que se hubiese achantado tampoco en estos momentos.

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