lunes, 28 de noviembre de 2016

El poder de una sonrisa.

He visto una foto, luego un video, de una niña muy guapa en Sudán del Sur, ese territorio, nación fallida, desierto puro, olvidado del mundo, que nos hace retroceder en nuestras miserias. 
En esas tierras viven seres humanos que no han podido escapar y otros seres humanos que han ido allí para ayudar dejando esa vida plácida de Paris, Londres, Roma o Madrid.
Los que ayudan, colaboran, y arriesgan sus vidas lo hacen fundamentalmente en el campo de la medicina, la atención más primaria. 
La foto es la de una bella niña, muy guapa, junto al doctor que ha salvado su vida. Ha conseguido que siga viva amputando su pierna por encima de la rodilla. 
El médico no se explica como puede seguir con vida; su herida ha estado carcomiendo los huesos de su pierna durante meses.
Esta niña expresa en su mirada y en su sonrisa una alegría natural, innata, que no han podido doblegar todas las calamidades que ha sufrido; creo que el buen doctor está más sorprendido por su sonrisa que por el milagro de una gangrena que no ha podido con ella.
Esta niña nunca se queja y sonríe con gran facilidad.
Y quizás es que nos hemos olvidado de sonreír, aquí en esta Europa vieja y civilizada donde casi todos tenemos de todo.
No sólo es el humor, el sentido del humor, y reírnos de nosotros mismos, una buena terapia contra las frustraciones, miedos, amarguras, decepciones; la sonrisa natural no la forzada e hipócrita abre una ventana de optimismo y regenera. 
La sonrisa es algo de niños, de jóvenes o de ancianos que todavía luchan y resisten. Pelear, aguantar, no quejarse, es ya un valor añadido,; hacerlo sonriendo es desconcertante, y deberíamos practicarlo con mayor frecuencia y asiduidad, por nuestro propio bien y el de los demás.

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